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La ciudad sin esperanza del éxodo sirio

 

"Siria está acabada", musita Abu Musab con el rictus vacío y el cuerpo abatido sobre el estante de su tienda de ropa infantil. Su negocio es uno más entre los que se apretujan dentro de uno de los campos de refugiados más grandes de Turquía, casa de 11.000 sirios.

Aunque se llama Centro de Acomodo Temporal, tras cuatro años viviendo allí, y sin vislumbrar un fin cercano a la guerra siria, los vecinos ya toman eso de "temporal" como algo falaz y han hecho del campo una incipiente ciudad.

Aunque las instalaciones de Öncüpinar, de 36 canchas de fútbol de extensión, sean la joya de la corona del sistema turco de acogida de refugiados sirios, vistas desde lo alto, sus casas prefabricadas ortoédricas se asemejan más a un gran cementerio de tumbas blancas. Dan sentido a la comparación el caminar tristón de sus habitantes. Poco les anima que en una pancarta a la entrada del campo aparezca una cita, de cuando la actriz Angelina Jolie lo visitó, calificándolo de "impresionante".

No impresiona, pero sí sorprende el auténtico bazar que ha brotado entre las casas contenedor. Hay peluquerías, tiendas de ultramarinos, charcuteros, pasteleros, vendedores de electrodomésticos y hasta un servicio de confección de trajes de boda. Como en todos los bazares de Oriente Medio, estas cuatro calles son el corazón de la vida social del lugar. Es aquí donde el quejumbroso Abu Musab tiene su diminuto negocio, con el que trata de alimentar a su mujer y a las tres crías.

Campo refugiados Kilis en Turquía. Uygar Önder Simsek


"Mi casa, en Yish al Sujur -provincia de Idlib-, quedó destrozada por los bombardeos aéreos del ejército de Bashar Asad

...hace cuatro años, por lo que tuvimos que huir y refugiarnos aquí. Mira, vamos viviendo, los cinco en el mismo contenedor", explica con resignación Abu Musab. El vendedor, de 30 años, asegura que no gana más de 100 euros al mes con su negocio, establecido con permiso de las autoridades. Por contra, lamenta, no puede disfrutar de las tarjetas de compra de productos.

En los 10 campos de refugiados que en suelo turco opera la Dirección Presidencial de Gestión de Emergencias y Catástrofes (AFAD) -donde viven en total unas 270.000 personas-, la mayoría de residentes tiene un carné de pago que cada quincena se recarga con 13 euros. Sirve para comprar en los tres economatos del campamento. Sus empleados son todos refugiados sirios a sueldo de las autoridades, un raro privilegio en un país donde el pleno derecho al trabajar de los recién llegados está siendo estudiado por el gobierno, que prevé aprobarlo.

 

"No hay trabajo ni aquí, ni en la ciudad de Kilis ni en ningún otro sitio"

se queja el joven Ahmad, apalancado junto a uno de los tenderetes del bazar. "Vivir dentro de este campo es muy aburrido. Pasamos los días sin hacer nada. En casa somos siete, así que apenas hay espacio para todos", añade. Al igual que Abu Musab, Ahmad también tuvo que huir a la carrera de Yish al Sujur, en 2012, debido a los intensos bombardeos oficialistas. Y como su vecino, no vislumbra su retorno a casa.

Campo refugiados Kilis en Turquía. Uygar Önder Simsek

Campo refugiados Kilis en Turquía. Uygar Önder Simsek


 

Tampoco lo vislumbra el veterinario en paro Mohamed Derbas quien, furioso, arremete ante este periódico contra la decisión de Turquía de contener en suelo sirio a cerca de 35.000 desplazados por los combates en el norte de Siria de los últimos días. "Sé de tres personas que murieron ayer, en un bombardeo ruso, a las que Turquía había rechazado entrar y obligado a permanecer en peligro", denuncia. "En el lado sirio de la frontera hay esperando para entrar embarazadas y ancianas", critica.

Un funcionario del gobierno turco declara a EL MUNDO, bajo anonimato: "Nuestra intención es atender a los sirios en un nuevo campo en Siria, cerca de la frontera. Estamos preparados para acogerlos en Turquía, y podemos levantar la barrera en caso de riesgo", aclara. Paradójicamente, mientras en el lado sirio se duerme a la intemperie, en el extremo sur del campo de Öncüpinar hay bloques de casas prefabricadas de dos pisos, con capacidad para 10.000 personas, totalmente vacíos.