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El Estado Islámico quiere ser un Estado

 

"¿A cuánto vendes el pan?", preguntó un emisario del Estado Islámico a un panadero de la provincia de Alepo.

"A partir de ahora, lo venderás a mitad de precio. Nosotros nos encargaremos de rebajar la materia prima", le sentenció. El hijo del hornero, Shadi, cuenta a EL MUNDO esta historia, que muestra cómo el grupo criminal más rico del mundo tiene un proyecto político: "Controlan a los productores, a base de terror, para rebajar precios. Con precios bajos, se puede contentar al pueblo".

Un 'dossier' de 24 páginas, que llegó a manos del investigador Aymenn Jawad Tamimi, evidencia la preocupación de la organización yihadista por temas más mundanos que combatir a los "infieles". La explotación de los recursos energéticos, el establecimiento de un plan educativo, la administración de unsistema de salud y hasta el comercio con el exterior son cuestiones tratadas por el texto, titulado 'Principios de la Administración del Estado Islámico' y publicado por el diario británico 'The Guardian'.

"La incautación por parte del Estado Islámico de vastas áreas incluye una serie de activos, los cuales resultan insuficientes sin la existencia de una administraciónque gestione los intereses y las crisis. Así que es necesario emprender un plan que cuente con el poder y la independencia de un Estado", describe el capítulo seis del documento, dedicado a la 'administración de la riqueza', escrito por un egipcio llamado Abu Abdulá en algún momento entre junio y octubre de 2014.

El 28 de junio de aquel año, desde la recién ocupada ciudad iraquí de Mosul, el auto nombrado 'califa' del Estado Islámico, Abu Bakr Bagdadi, proclamó el establecimiento del "califato" en los territorios bajo su control de Irak y Siria. Para entonces, esta organización, también conocida por sus siglas en inglés IS o por su acrónimo en árabe Daesh, llevaba seis meses administrando la localidad siria de Raqqa, de la cual se adueñó forzando la expulsión de las fuerzas opositoras al gobierno sirio.

Gabriel Garroum Pla, un politólogo hispanosirio, dedicó su tesis de máster para la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres (SOAS) a investigar el Gobierno del IS en Raqqa. "Su gobernanza tiene tres pilares: ejercicio de la violencia para controlar y articular a la población, creación de una ideología homogénea mediante prácticas proselitistas y una tercera pata, más empírica, que es la administración y los servicios sociales", explica este académico a EL MUNDO.

Gabriel Garroum define al IS como un grupo "territorial", que ha logrado mantener su control más allá de las dinámicas de guerra buscando "que la gente acepte su gobierno, les guste o no". Pone como ejemplo "sus oficinas de impuestos, centros de atención social, asistencia a los huérfanos... el catálogo es extensísimo, y logras dos cosas: de cara a la población te muestras como un ente que vela por el interés general; de cara al exterior, aparentas una lógica de entidad administrativa".

El 'dossier' del Estado Islámico contiene dos epígrafes inquietantes. El primero es el que aduce la necesidad de adoctrinar y entrenar a los niños, desde la cuna, en el manejo de armas.

 

El documento, que Aymenn Jawad Tamimi obtuvo a través de un hombre de negocios cuya identidad no ha trascendido, destaca la necesidad del IS por unificarse culturalmente, acabando con la distinción entre extranjeros y locales. Apunta a la necesidad de establecer "fábricas para los ejércitos locales y la producción de alimentos" y de crear "zonas seguras aisladas" para la provisión de las necesidades locales.

A la par que rechazó la división entre Irak y Siria, el IS ha impuesto sus propias divisiones territoriales, llamadas 'vilayato', gestionadas por un emir. Su ánimo burocrático llevó al IS a acuñar su propia divisa, además de instaurar un sistema de salarios más que decentes en una Siria en guerra. "Buscan controlarlo todo", asegura Shadi. "Si quieres gestionar un territorio debes erigirte como poder hegemónico. La gente debe temerte y, a la par, ver que velas por ellos", explica Garroum Pla.

El 'dossier' del Estado Islámico contiene dos epígrafes inquietantes. El primero es el que aduce la necesidad de adoctrinar y entrenar a los niños, desde la cuna, en el manejo de armas. El texto incluye la opción de seleccionar a algunos de ellos para tareas de seguridad. Esta intención ha quedado patente en varios vídeos publicados por medios afines al IS. En uno, reciente, aparecían varios chavales buscando y abatiendo a presos sirios, uno de los cuales era degollado como "premio".

La segunda cuestión es la del comercio de combustible. De acuerdo con documentos obtenidos por Aymenn Jawad Tamimi, en la provincia de Deir Ezzor -que alberga la mayoría de yacimientos de Siria- su comercio produce el 27,7% de beneficios provinciales del IS. "Para comprar petróleo al Estado Islámico no es necesario jurarle fidelidad ni ser miembro. Eso ejemplifica el pragmatismo que emplea el -teocrático- Estado Islámico en sus relaciones externas", matiza Tamimi a este periódico.

Gabriel Garroum Pla enfatiza que el IS va "más allá de cuatro pirados con barba, ya que pretenden administrar. Se centraron en zonas que estaban infradesarrolladas, atendiendo a la población suní local, mediante dinámicas administrativas e intentando que la gente los legitimara". No obstante, este politólogo rechaza hablar de 'protoestado'. "En el sur del Líbano, Hizbolá también tiene un discurso, unos servicios y unas estructuras, pero no por eso los consideramos un Estado".

"Si es genuino, es fascinante y debería ser leído por todos, particularmente por los políticos occidentales", reconoce a 'The Guardian' el general retirado Stanley McChrystal, quien lideró las unidades que ayudaron a acabar con Al Qaeda en Irak, predecesora del IS, entre 2006 y 2008. "Si Occidente ve al IS como una banda estereotípica de asesinos psicópatas, nos arriesgamos a subestimarlos de forma dramática".

Para Garroum, el apogeo administrativo del IS ya pasó, y los bombardeos internacionales están perjudicando su capacidad de prestar servicios. Eso ha provocado, según han explicado según han explicado activistas del grupo 'Raqqa está siendo masacrada en silencio', varios conatos de protesta contra el terror de la administración yihadista. "La campaña de bombardeos creará problemas para el Estado, pero no creo que así los destruyan", opina Jawad Tamimi. "Se necesita una fuerza terrestre para destruir su burocracia".